miércoles, 23 de enero de 2019

El Cerebro Neoliberal y La Resistencia al Cambio


Neuroplasticidad

     La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el sistema nervioso para experimentar cambios estructurales y funcionales detonados por influencias endógenas o exógenas, las cuales pueden ocurrir en cualquier momento de la vida.
     El entrenamiento y la experiencia provocan que el cerebro cambie desde el punto de vista  anatómico y operativo, como lo demuestran múltiples experimentos realizados desde la década de los años 40 del siglo pasado (1).
     Los cambios en la estructura y funcionamiento de un cerebro orientan su percepción y su condicionamiento hacia el desarrollo de conductas determinadas en el sentido de su nueva configuración.

Percepción de la realidad, conducta y condicionamiento

     Nuestra consciencia detecta la información del medio ambiente y nuestra percepción la interpreta en función de la información de la que ya dispone, así como de la estructura y del funcionamiento de nuestras redes neuronales; esto detona nuestras emociones y nuestra conducta.
     Cada pensamiento va acompañado de una sustancia química que recorre nuestro organismo y que orienta nuestras reacciones; por ejemplo, las lágrimas tienen una composición química distinta cuando son producto de la tristeza, a la que tienen cuando son producto de la alegría.
     La información que recibimos del medio ambiente, a través de los medios a los que estamos expuestos, va orientando el funcionamiento de nuestro cerebro para que podamos reaccionar de una forma u otra a los estímulos externos y también a los internos.
     Esta información, cuando es constante y tiene una orientación y un sentido, va determinando una conducta que se observa repetidamente, a partir del sentido y la orientación de la información recibida, y tiende a crear un hábito de comportamiento que nos va definiendo; es decir, nos condicionamos a actuar de alguna forma a partir de la información que recibimos.
     La educación puede definirse como la información que se transmite y recibe, a fin de provocar un cambio de comportamiento en el individuo y crear un condicionamiento en uno u otro sentido.
     Cuando el flujo de información conlleva una carga ideológica determinada en algún sentido, es constante y se realiza coordinadamente a través de todos los medios disponibles durante un largo tiempo, el cerebro del individuo que la recibe se configura, física y funcionalmente, para condicionar su conducta en ese mismo sentido.

El contexto neoliberal

     El neoliberalismo nació en 1979 a partir de un discurso de Margaret Thatcher en la Gran Bretaña, adoptado por Ronald Reagan y Alan Greenspan en los Estados Unidos, para anunciar el surgimiento de un nuevo modelo, consistente en un proceso darwiniano acelerado del desarrollo económico y social, por medio del cual se abolió la sociedad y el bienestar común como centro del interés económico y lo concentró, exclusivamente, en la competencia del mercado y el desarrollo individual como motor del avance de la humanidad, basado en políticas de liberación económica, desregulación, libre comercio y reducción del gasto público, a fin de privilegiar en forma descontrolada la participación del sector privado en la economía y en la sociedad.
     Se le entregó el gobierno del mundo a las empresas, sin tomar en cuenta que la única obligación fundamental de las empresas es generar utilidades para sus accionistas, dentro de un marco legal.
     Teniendo las empresas el control del gobierno en sus manos, este marco legal lo establecen ellas mismas. Y amanecimos en un mundo en el que las corporaciones no tenían freno en su tarea de generar utilidades. No importaban el bienestar social, la ecología, la educación o los valores fundamentales; se enfocan en el mercado por medio del cual generan utilidades; en ser competitivos y financieramente eficientes. Como los escrúpulos no generan eficiencia financiera, en el camino pasaron por encima de todo lo demás. No se les puede culpar; hicieron lo que les tocaba hacer dentro de las reglas de juego que la misma sociedad estableció a través de sus gobiernos (2).
     Aplicando su nuevo poder ilimitado, las empresas usaron todos los medios existentes para difundir intensamente sus principios convirtiéndolos en objetivos aspiracionales para los individuos y la sociedad: La competencia sin escrúpulos, el dinero como un fin para alcanzar privilegios sobre los demás, el dispendio como una forma de vida, el desprecio del prójimo como una actitud natural, etc.
     Esta nueva forma de percibir la vida nos fue impuesta como un entrenamiento cerebral permanente durante los últimos 40 años, a través de todos los medios a los que los individuos y las sociedades tenemos acceso, provocando un cambio en el funcionamiento de nuestros cerebros y un cambio anatómico en la configuración de nuestra estructura neuronal, que la condicionó a fin de que nuestra conducta se desarrollara en forma congruente con estos principios antisociales, pero buenos para los negocios de los dueños de grandes corporaciones y oligarquías locales.
     Para el modelo, un trabajador no es un ser humano, con todo lo que esto implica, sino un servicio de proveduría subcontratado, que realiza eficientemente una función durante el mayor tiempo posible al menor costo que se pueda conseguir.
     Por otro lado, en la búsqueda de la eficiencia máxima de los mercados, las mercancías y servicios que se producen pierden su valor intrínseco pues las estrategias comerciales sofisticadas los han convertido en marcas, y son éstas, las marcas, las que concentran el mayor valor del precio de una mercancía o un servicio; en resumen, un automóvil no vale por la funcionalidad de transporte que representa, sino por la marca que ostenta; lo mismo una taza de café, una prenda de vestir, un servicio de transporte, etc. El desarrollo del modelo ha inflado el valor de las cosas a través de las marcas y las ha vuelto aspiracionales; los consumidores las anhelan.

El personaje neoliberal

     Este flujo permanente de información ha dado lugar a un diseño de estructura y funcionamiento neuronal condicionado creando personajes con cerebro neoliberal, con conductas acordes con los objetivos aspiracionales promovidos por el neoliberalismo, la mayoría de las cuales resultan antisociales y autodestructivas.
     A los aspirantes a magnates, que son prototipos del neoliberalismo (sus tontos útiles), se les puede ver en un estacionamiento público, caminando en círculos con actitud triunfadora, enfundados en sus trajecitos ajustados (Boss, Brioni, Segna), con su laptop al hombro (Mac), conectados a un celular (IPhone) a través del “manos libres”, aparentemente concentrados y hablando en voz muy alta sobre algún negocio impostergable, esperando que les entreguen un BMW que están pagando por medio de un plan de leasing, amañado para que ese gasto lo absorba el fisco.
     Viven en un círculo egocéntrico con su atención concentrada en la adquisición de juguetes y trofeos, preocupados en hacerse de marcas de prestigio, asistir a lugares de moda, manejar automóviles de lujo, conseguir más dinero que les permita lograr lo anterior sin reparar en escrúpulo alguno y, muy importante, proyectar sus imágenes de pequeños magnates triunfadores en sus cuentas de Facebook e Insta Gram, aunque para ello tengan que ser expertos en Photoshop.

El manotazo en la mesa

     En México, donde el neoliberalismo se conjugó a través de corrupción e impunidad, el resultado fue la degradación constante con una devastación económica y moral que dañó profundamente el tejido social, sumió a la mayoría de la población en la pobreza, dejó un país sin crecimiento económico, sobre endeudado y bañado en sangre.
     Después de 40 años de saqueo depredador en su máxima expresión y de los últimos 18 en caída libre, el 1 de julio del 2018 la inmensa mayoría de los votantes, conscientes de que la situación era ya insostenible, dieron un manotazo en la mesa y decidieron un cambio de régimen a través de un gobierno que ofrecía transformar la vida pública de México a partir de la recuperación de los valores de honestidad, justicia, democracia participativa y bienestar común.
     Comenzando el 1 de diciembre de ese mismo año, el nuevo gobierno dio un golpe de timón de 180 grados, cancelando proyectos dispendiosos y gastos superfluos, iniciando la aplicación de programas sociales, planes de seguridad pública, creación de infraestructura y, en general, la aplicación de 60 acciones relevantes de gobierno en un plazo de 50 días, a una gran velocidad, que implican una profundidad tal, que se empieza a modificar radicalmente el perfil socioeconómico y moral del país.

Tragedia y resistencia al cambio

     El nuevo escenario fue un choque de realidad para el cerebro neoliberal. De repente, todo lo que representa el neoliberalismo se desmoronó frente a los ojos del personaje prototipo. Su estructura y funcionamiento neuronales no están configurados para asimilar la nueva realidad y no la entiende.
     De golpe, aparecieron en su mundo una enorme cantidad de personas extrañas, en cuya existencia nunca había reparado seriamente, con ideas bizarras y peligrosas, que tomaron el control de la realidad; que comenzaron a hablar de bienestar común, de honestidad, de escrúpulos, de justicia, de verdad y de otros conceptos incomprensibles para él. Conceptos que se oían como frases de discursos vacíos, pero que no se conocían en la práctica, que no servían para actuar en el escenario neoliberal, ni para hacer su trabajo, y menos aún para relacionarse con los demás.
     De repente estos conceptos comenzaron a tomarse como fundamento para el comportamiento de las personas en una realidad nueva para él, a la que su estructura y funcionamiento neuronal se niegan a aceptar y a la que se resiste en forma automática, y hasta violenta, porque ve amenazado todo a lo que está habituado aunque lo haya dañado; algo así como el síndrome del alcoholismo.
     Un hábito solamente se destierra de nuestro comportamiento cuando se sustituye por otro. Como vimos, los hábitos que actualmente observa nuestra conducta, derivan del condicionamiento que ha provocado la información recibida por nuestros cerebros durante los últimos 40 años.
     La salud mental de un individuo se entiende como la capacidad que tiene de cuidar de sí mismo y de todos los demás.
     Va a tomar tiempo para que la nueva información que estamos recibiendo, vaya permeando y provoque gradualmente un cambio de conductas que se conviertan en hábitos orientados hacia el respeto de los valores que el neoliberalismo hizo a un lado, y que son los que corresponden a una sociedad funcional, integrada por individuos mentalmente sanos. Esto que decidió la mayoría y que va ajustando la realidad que vivimos en ese sentido.  
     Como la realidad se sirve de herramientas, que parecen coincidencias, para hacernos llegar mensajes descifrables sólo a través de la intuición, y a guisa de símbolo del cambio de paradigmas que se está dando en México, para colmo, Yalitza Aparicio, la actriz indígena protagonista de la película Roma de Cuarón, acaba de ser nominada al Oscar como mejor actriz.  


Notas:
(1)    E.L. Bennet Et Al, 1964; Renner y Rosenzweig, 1987; Rosenzweig, 1984; Rosenzweig Et Al, 1961; Hubel y Weisel, 1963, 1965; Weisel y Hubel, 1965; Hebb, 1949; Kelso y Brown, 1986; P.M. Miller, 1993; Löwell y Singer, 1992
(2)    Los Otros (Apuntes sobre el Neoliberalismo) https://pisobarrido.blogspot.com/ , 2017

lunes, 22 de mayo de 2017

"Los Otros" (Apuntes sobre el Neoliberalismo)

     "Los Otros" es el título de una película de producción anglo-hispana filmada en 2001, dirigida por Alejandro Amenábar y protagonizada por Nicole Kidman (The Others), cuyo argumento puede equipararse con una analogía de la realidad que ha vivido el mundo occidental desde el nacimiento del neoliberalismo hasta hoy, cuando se ha decretado su muerte por la vía democrática con el Brexit en la Gran Bretaña y con la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.
     El argumento de la película se centra en la vida de una familia con dos hijos pequeños, que espera el regreso del padre de la Segunda Guerra Mundial, en la que los niños sufren una extraña enfermedad que no les permite tener contacto con la luz solar. A lo largo del film la madre y los hijos van descubriendo la presencia de fantasmas en su casa a quienes llaman "los otros" y a quienes pueden percibir, e incluso ver, aunque sólo en contadas ocasiones. El desenlace revela que "los otros" son en realidad los que sí existen como seres vivos, y es la familia quien existe solamente como espíritus habitando la casa; es decir, "los otros" son en realidad ellos, los que pensaban que "los otros" eran los otros.
     En nuestra realidad social, el nacimiento oficial del neoliberalismo en 1979 (que tiene origen en las teorías económicas de Hayek y Buchanan), fue formalmente decretado en un discurso de Margaret Thatcher en la Gran Bretaña, alegramente adoptado por Ronald Reagan y Alan Greenspan en los Estados Unidos, acompañados por Friedman y los Chicago Boys en el Reaganomics, para anunciar el surgimiento de un nuevo modelo, consistente en un proceso darwininao acelerado del desarrollo económico y social, que sustituyó a la relativa estabilidad keynesiana experimentada por el mundo occidental desde 1945 y hasta 1980.
     A partir de ese discurso la Señora Thatcher abolió la sociedad y el bienestar común como centro del interés económico y lo concentró, exclusivamente, en la competencia del mercado y el desarrollo individual como motor del avance de la humanidad, poniendo en práctica el principio económico smithsoniano de "laissez-fair", que incluye políticas de liberación económica, desregulación, libre comercio y reducción del gasto público, a fin de privilegiar en forma descontrolada la participación del sector privado en la economía y en la sociedad.
     Así, en aras de la libertad y del desarrollo individual y privado, se le entregó el gobierno del mundo a las empresas. Lo que no tomaron en cuenta es que la única obligación fundamental de las empresas es generar utilidades para sus accionistas, dentro de un marco legal. Teniendo las empresas el control del gobierno en sus manos, este marco legal lo establecen ellas mismas. Y amanecimos en un mundo en el que las corporaciones no tienen freno en su tarea de generar utilidades para sus accionistas. No importan el bienestar social, la ecología, la educación o los valores fundamentales; se enfocan en el mercado por medio del cual generan utilidades; en ser competitivos y financieramente eficientes. Como los escrúpulos no generan eficiencia financiera, en el camino pasan por encima de todo lo demás. No se les puede culpar; hacen lo que les toca hacer dentro de las reglas de juego que la misma sociedad estableció a través de sus gobiernos.

¿Cómo funciona el modelo?

     El modelo, como en cualquier sociedad mercantil con fines de lucro, persigue la eficiencia financiera por medio de la optimización de la producción y la creación de mercados.
     Para optimizar la producción las nuevas reglas permiten a las empresas hacerla más flexible; se puede escoger la ubicación geográfica más conveniente y la mano de obra más barata, gracias a la globalización de las regulaciones y a que los gobiernos no tienen los alcances para regular el mercado global en forma eficiente; las corporaciones operan multinacionalmente. De hecho, el concepto mano de obra se ha convertido en algo obsoleto para el modelo, sustituyéndose por la compra de paquetes de tiempo laboral proporcionados por las personas mejor calificadas para realizar el trabajo que venden a las corporaciones; es decir, las personas se han convertido en proveedores de servicios laborales para cuya realización deben preparase mejor que cualquier competidor potencial (las otras personas) y vender sus servicios al menor precio posible para ser contratados. Para el modelo, un trabajador no es un ser humano, con todo lo que esto implica, sino un servicio de proveeduría subcontratado que realiza eficientemente una función durante el mayor tiempo posible al menor costo que se pueda conseguir.
     Por otro lado, en la búsqueda de la eficiencia máxima de los mercados, las mercancías y servicios que se producen pierden su valor intrínseco pues las estrategias comerciales sofisticadas los han convertido en marcas, y son éstas, las marcas, las que concentran el mayor valor del precio de una mercancía o un servicio; en resumen, un automóvil no vale por la funcionalidad de transporte que representa, sino por la marca que ostenta; lo mismo una taza de café, una prenda de vestir, un servicio de transporte, etc. El desarrollo del modelo ha inflado el valor de las cosas a través de las marcas y las ha vuelto aspiracionales; los consumidores las anhelan.
     De tal suerte que el modelo despersonaliza al ser humano conceptualizándolo como: (a) un proveedor desechable de insumos al producto que se fabrica, o al servicio que se presta; y/o, (b) un consumidor de productos o servicios cuyo valor principal se concentra en las marcas.
     En resumen, las corporaciones logran la máxima eficiencia financiera pagando el mínimo posible por la fabricación de productos y servicios, cuyo valor no se encuentra tanto en él, como en la marca que ostenta, y cobra el mayor precio posible a consumidores ávidos de poseer la marca del producto; por ejemplo, a cambio de una bolsa de mano para mujer fabricada por indígenas mexicanas pagan 238 pesos, le incrustan una marca conocida internacionalmente y la venden al público, que se las arrebata, en 28 mil pesos. 
     De esta manera las corporaciones y sus accionistas concentran la mayor parte del capital utilizándolo, entre otras cosas, para asegurar la permanencia del modelo adquiriendo servicios de parte de los miembros de los gobiernos a cambio de apoyos para ganar elecciones, comprando otros servicios de parte de los medios de información, no solamente para seguir creando mercados, sino para continuar generando  en los individuos la necesidad de: (a) prepararse para la competencia contra los demás sin ningún escrúpulo; y, (b) la de anhelar la posesión ilimitada de marcas en todos los bienes y servicios que adquieren o consumen.
     A cambio, las corporaciones han inventado el concepto de "responsabilidad social corporativa" (CSR por sus siglas en inglés) que implica devolver "algo" de los beneficios que reciben de la sociedad y que no es más que una estrategia de relaciones públicas que utilizan para disfrazar su esencia depredadora ante la imagen pública, a cambio de gastar miserias financieras en obras raquíticas de ayuda social que, en un gran número de casos, no solamente no devuelven nada a la sociedad, sino que aprovechan para montar estrategias fiscales que les permitan evitar el pago de impuestos a los gobiernos, a través de financiar fundaciones por medio de las cuales reciben dinero del público, reportándolo como aportación de sus empresas (como ejemplo el "redondeo", el "teletón", etc.) y que sirven además para relevar a los gobiernos corruptos y saqueadores de una responsabilidad social que les correspondería cumplir, a partir de la redistribución de los ingresos que reciben por el pago de impuestos de sus ciudadanos.

Las consecuencias del modelo en la realidad

     En este escenario, los gobiernos van delegando cada vez más funciones en las corporaciones, incluso de aquellas que implican la seguridad social; se privatiza la educación, la salud, el acceso al agua, el transporte público, la ecología, la seguridad, etc., para hacer que todo sea negocio, y en el proceso van generándose habitantes desechables. Si una persona no es la mejor capacitada para hacer un trabajo al menor precio del mercado, o no cuenta con los medios para adquirir las marcas de los bienes o servicios que proporcionan las empresas, se convierte en un miembro prescindible de la sociedad, molesto hasta para la vista, y pasa a formar parte de "Los Otros"; los que "no existen" en la realidad creada por el modelo, sino en un universo paralelo que, en países poco desarrollados no tienen acceso siquiera a la seguridad social más elemental, y en países del primer mundo éste es limitado e insuficiente.
     En los últimos casi 40 años desde el lanzamiento del modelo, éste se ha desarrollado, ha florecido y funcionado para las corporaciones internacionales y para las empresas controladas por oligarquías locales que se han apoderado prácticamente de la totalidad de los activos de los países para crear los mercados; ha funcionado también para partidos políticos o grupos de gobernantes sin escrúpulos en todo el mundo, que han servido a los primeros como instrumentos para continuar el desarrollo  del modelo a cambio de comprar su permanencia en lo que ellos interpretan como "el poder", sin enterarse que el poder lo detentan, en realidad, aquellos que los corrompen, los mantienen ahí y los utilizan como peones en su juego de ajedrez creando kakistocracias (el gobierno de los peores) en todo el mundo: Las Corporaciones.
     La connotación enarbolada por el modelo implicaba el desarrollo del individuo y de la familia, desvinculados del resto de la sociedad, como entidades autónomas en la competencia contra los demás individuos y, teóricamente, en persecución de la perfección individual. Este concepto puede resultar una materia interesante de disertación filosófica, pero como ha quedado demostrado en la práctica de los últimos casi 40 años, es contrario a toda lógica natural en la que, desde los micro-organismos hasta las galaxias, existe un principio fundamental de interdependencia armónica indispensable para la preservación de la vida.
     De tal suerte, que el énfasis egocentralista de la teoría neoliberal logró despersonalizar al individuo y deshumanizarlo en el sentido más básico. En aras de la competencia fundamentalista con el desprecio del bien común se normalizó la violencia, la depredación, la corrupción y el desinterés en cualquier cosa que amenazara con estorbar la entrega absoluta del individuo a los brazos del modelo de mercado, representado por el deseo ilimitado de consumo de marcas y la automartirización para lograr la mayor calidad de trabajo al mínimo precio y en las condiciones más precarias posibles. La prioridad ha sido estar ahí y, de preferencia, sin que alguien más también lo esté, o lo esté por debajo o por detrás de mi; y si hay alguien arriba o adelante, buscar la forma de ponerlo abajo y atrás mediante la compra de "mejores" y más marcas, o lograr desbancarlo de su puesto bajando el precio de mi trabajo y aumentando su calidad, porque el bienestar de los demás, el bien común, no existe para el modelo; sólo el mío propio.
     Desde esta óptica, los patrimonios culturales, ecológicos, educativos, sociales, naturales y humanos, incluyendo entre otros la vida misma de los demás, no tienen ninguna relevancia a menos que pueda llegar a ser sujeto de explotación laboral o comercial por parte de los mercados, y como, en virtud de la eficiencia del sistema y al avance tecnológico, cada vez se requiere menos mano de obra para la "producción" de los espejismos representados por las marcas, cada vez también hay más gente sin trabajo y sin dinero suficiente para integrarse al modelo; gente que se va quedando fuera de los beneficios de la salud, la educación, la seguridad social o otros servicios que antes de 1980 eran considerados como "derechos" y que hoy, ya privatizados o en proceso de serlo, cada vez con más frecuencia se adquieren siendo pagados por el individuo que los requiere y no por el Estado que debería redistribuir y redireccionar el dinero público en busca del bien común.
     En conclusión, el modelo ha funcionado muy bien para los individuos más depredadores y con menos escrúpulos de las sociedades y relativamente bien, mientras puedan conservarse compitiendo, y hayan jugado con habilidad sus estrategias económicas, para una proporción de la población que ha optado por vivir en la práctica de un síndrome de ceguera y sordera selectivas, que no les permite tener que voltear a ver a los demás.

      Para vivir cómodamente en el modelo hay que practicar la pérdida de sensibilidad y de consciencia colectiva, porque se requiere no sentir nada y, en el mejor de los casos ni siquiera poner atención ante la miseria, la enfermedad, la violencia, la corrupción, la desgracia, el delito, el saqueo, la depredación y hasta la muerte violenta de los demás; siempre que la víctima no sea yo o mis seres muy cercanos. Si por error se llega a percibir algo de esto en nuestras vidas, el modelo nos da la excusa ideal para no sentir nada: Ellos, Los Otros, se lo buscaron; de alguna forma lo provocaron y atrajeron la desgracia sobre sí mismos; no son competitivos, o no fueron previsores, o no usan marcas, o andaban en algo turbio, etc.; la responsabilidad nunca es del conjunto de individuos que viven cómodamente en el modelo, sino de Los Otros.
    
Los Otros

     Junto con la depredación del medio ambiente, la extinción de especies animales, el saqueo ilimitado de los recursos naturales, la desaparición gradual de la educación pública gratuita, de la seguridad social, de la salud pública sin fines de lucro, de los patrimonios culturales y lingüísticos, etc., se ha llevado a cabo la producción en masa de cada vez más individuos sin acceso a la educación, al trabajo y al bienestar, como resultado de la aplicación del modelo neoliberal durante 4 décadas en el planeta, haciendo énfasis especial en el saqueo irresctricto e indiscriminado de los recursos de países que no están en el primer mundo de la geopolítica y de la geoeconomía, con la consecuente marginación, y en muchos casos, el exterminio esporádico y sistemático de grupos de personas desechables que, por una razón u otra, no encajan en los parámetros del modelo: Los Otros.
     Pero hoy después de casi 40 años de aplicación del modelo, como en el film de Amenábar, Los Otros han aparecido a los ojos de los habitantes del mundo neoliberal, detonando en ellos sorpresa, negación y miedo.
     Aparecieron para decir "aquí estamos y existimos"; de hecho, se hicieron presentes para cambiar el mundo de aquellos que pensaban que eran los de verdad y, aunque no completamente todavía, para que se den cuenta que en la realidad profunda de la humanidad, los verdaderos Otros son en realidad los habitantes del mundo neoliberal, como parodias de oligarcas devaluados anhelando su forma de vida superficial y vacía, los de utilería, los de mentiras, los productos pirata de la humanidad que viven en una realidad falsa, de plástico, de ilusión, imposible de sostener racionalmente.

     Se manifestaron precisamente en aquellos países donde nació el neoliberalismo votando en contra del sistema y venciéndolo, en el Reino Unido con el Brexit y en los Estados Unidos de América con el Trumpismo, pero ni en el primer caso lo hicieron solamente para desprender al Reino Unido de la Unión Europea, ni en el segundo para tener a Trump en la presidencia.
     En ambos casos lo hicieron para decirle a sus gobiernos que no tienen trabajo, que no tienen seguridad social, que no tienen educación para sus hijos, que no les interesa cambiar eso por ropa de marcas y que quieren que sus impuestos se utilicen para darles servicios a los que tienen derecho, sin verse obligados a pagar por ellos dos veces. Para decirle a sus gobiernos que su modelo no funciona para ellos y que ellos son la mayoría, son los que existen de verdad y que no se van a suicidar para que su modelo funcione. Para decirles que su modelo está muerto; que hay que hacer algo distinto y crear países donde quepamos todos.

Y ahora ¿qué va a suceder?

     Está claro; el neoliberalismo ha muerto; lo acribilló el voto por el Brexit y lo aniquiló el voto por Trump. Las reglas del juego van a cambiar aunque los gobiernos del mundo occidental tarden en entenderlo y las corporaciones en aceptarlo. 
     Con la llegada de Trump, y dígase de paso, con la herencia de los gobiernos norteamericanos anteriores, la geopolítica ya cambió en el mundo con una alianza entre China y Rusia que presneta un equilibrio de poder diferente al que hemos vivido hasta hoy y, para desgracia de las simpáticamente pomposas oligarquías locales y sus excrecencias de políticos neoliberales, con un modelo económico para occidente más parecido a un neo-keynesianismo que a una variante revolcada del neoliberalismo financierista que depredó a la sociedad en el pasado inmediato.

sábado, 29 de abril de 2017

México es hoy un Estado Fallido ¿Qué nos pasó?

     El gobierno no es lo mismo que el Estado, está vinculado a este por el elemento poder. El gobierno pasa, cambia y se transforma, mientras que el Estado permanece idéntico. En ese sentido, el gobierno es el conjunto de los órganos directores de un Estado a través del cual se expresa el poder estatal, por medio del orden jurídico.
     De acuerdo con la definición de la Encyclopeadia Britannica, la misión del gobierno es crear un sistema de auto-protección social para y con todas las personas que viven en el Estado, que sea seguro al largo plazo, autofinanciable, de muy buena calidad y sin corrupción. Prioritariamente asegurar el futuro de la salud, educación, trabajo, sustento y vivienda.
    Estas definiciones básicas nos obligan a pensar sobre la situación en que se encuentra México hoy (año 2017) y no se puede evitar aprovechar la oportunidad para hacer, por lo menos, algunas reflexiones simples que nos lleven a conclusiones pragmáticas en relación con esta situación.
      La Historia de México nos muestra que, si bien el desempeño de los gobiernos que han dirigido los destinos del Estado nunca han cumplido con la misión de un gobierno, tal y como se expresa más arriba, en algunos períodos cortos de la vida gubernamental del país se percibía la orientación de sus esfuerzos hacia el logro de esos propósitos, aunque no es el caso de la enorme mayoría de los gobiernos que han estado al frente del México independiente. Por lo menos, durante un buen tiempo de la Historia moderna y contemporánea de México  se contaba con un plan, más o menos claro, que daba una idea de hacia dónde dirigir los efuerzos del gobierno en busca de lograr el cumplimiento de una misión concordante con la definición académica de "gobierno".
     Esa intención de congruencia con la misión de un gobierno en México se extravió a partir de 1982, cuando explotaron en la cara del gobierno, y de todos los mexicanos, las consecuencias de un manejo equivocado, por decir lo menos, de la economía durante los 12 años anteriores, que se potenció con varios factores de índole política desarrollados desde 1968 y hasta el fin de la guerra fría en 1989. Sin embargo, se apostó a orientar el manejo de la economía por medio de la desregulación a fin de que fuera el mercado el que ajustara las variables y se decidió la dependencia económica practicamente absoluta de los Estados Unidos de América, dejando específicamente a ese mercado la suerte futura de la economía mexicana y de la esperanza de un bienestar social derivado de ello en el largo plazo.
     En la situación actual de México se hace necesario llevar a cabo un primer ejercicio de reflexión relacionado con la misión del gobierno a partir de la definición académica de éste.
   Como primera obligación de un gobierno está la creación de "un sistema de auto-protección social para y con todas las personas que viven en el Estado". Segun los últimos datos publicados por el CONEVAL, en México 55.3 de los 121 millones de habitantes viven en situación de pobreza y, de estos 55.3 millones, más de la mitad (31.8 millones) es vulnerable por carencias sociales; sólo del 2010 al 2014 casi 3 millones de personas cayeron en situación de pobreza sin haber estado en ella en 2010. Sin abundar en mas datos relacionados con otros temas que forman parte de lo más básico de un sistema de auto-protección social, como la cobertura y calidad de la educación, de la salud, del bienestar para el retiro, del empleo, etc., este solo dato ya nos demuestra que  los gobiernos del México independiente han sido incapaces de crear ese supuesto "sistema de autoprotección social para y con todas las personas que viven en el Estado" durante los casi 200 años que han gobernado; lo que es peor, el gobierno actual ha hecho tan mal el trabajo que la pobreza aumentó casi un 6% desde que tomó el poder.
     La segunda obligación de un gobierno desde la definición académica del concepto es "que sea seguro a largo plazo". Si bien esta condición se ha cumplido en algunos períodos prolongados de la Historia contemporánea del país, las decisiones de gobierno tomadas a partir del año 2006, y hasta la fecha, en materia de "seguridad" no solamente no garantiza ésta a largo plazo; ni siquiera la garantízan en el día a día de los habitantes del Estado. Para no tener que discutir este punto y evitarnos citar cientos, si no miles de ejemplos posibles, solamente hay que observar el estilo de vida de los gobernantes en materia de seguridad: Viven es casas vigiladas por legiones de guardaespaldas, se trasladan en vehículos blindados seguidos de escoltas, trabajan en oficinas custodiadas por pequeños ejércitos de granaderos o soldados, caminan rápido y rodeados de elementos de protección, y tienen que vacacionar en el extranjero; es decir, ni ellos mismos confían en la seguridad que proporciona su propio gobierno a las personas que vivimos en este país.
     La tercera condición obligatoria de un gobierno es que sea "autofinanciable". Basta con señalar que a casi 200 años de tener un país independiente el gobierno actual tiene una deuda pública de casi el 52% del Producto Interno Bruto (PIB) del país; es decir, el gobierno debe más de la mitad de lo que producimos TODOS los mexicanos en un año; lo que es peor, más de la mitad de lo que debe, se lo debe a inversionistas extranjeros según la revista Forbes. En el año 2006 la deuda del gobierno era aproximadamente del 15% del PIB; se duplicó en 6 años para alcanzar casi el 30% del PIB (durante el calderonato); en los 5 años siguientes (lo que va del peñato) la deuda ha crecido en 73%. Hay que tomar en consideración, para dimensionar este asunto, que el gobierno recibe cada año por concepto de impuestos una cantidad equivalente a calcular el 11% del PIB. Si comparamos su deuda con la situación que tendría una familia en condiciones similares, digamos que el ingreso de la familia sería de 11 mil pesos anuales y que no sólo se han gastado eso, sino que además, deben una cantidad equivalente a su ingreso total de casi 5 años; para pagar su deuda tendrían que trabajar 5 años sin comer ni gastar en otra cosa, sino en el pago de su deuda; el problema es que cada año se endeudan más en vez de pagar lo que deben. La conclusión es que el gobierno en México tampoco cumple con la obligación como gobierno de ser autofinanciable.
     La cuarta obligación de la misión de un gobierno es que sea "de muy buena calidad y sin corrupción". La calidad de los gobiernos en México debería ser evaluada tomando en consideración el cumplimineto de su misión como gobierno, de la forma en la que se describen en los párrafos anteriores. Queda claro que la calidad no solamente no es muy buena; más bien podría calificarse de muy mala. Por lo que se refiere a que un gobierno se supone "sin corrupción", nos sobran ejemplos de delitos de fraude electoral, desvío de recursos, enriquecimiento ilícito, simulación, asociación delictiva, crimen organizado, narcotráfico, etc., de los que existen señalamientos con evidencias, denuncias y/o procesos penales contra funcionarios públicos del más alto nivel, incluyendo a 15 gobernadores, secretarios de Estado, expresidentes y al mismo presidente de la República (Casa Blanca, Oderbrecht, OHL, Grupo Higa, Familia San Román, etc) para afirmar la exitencia evidente de una corrupción sistémica sorprendente y escandalosa de los gobiernos mexicanos.
     Como primera conclusión está muy claro que los gobiernos mexicanos, en general, y en especial los últimos dos gobiernos, no cubren ninguno de los requisitos fundamentales que los definirían como "gobierno" en su ascepción más básica. 
   Entonces, si los gobiernos mexicanos no pueden considerarse como tal por su incapacidad en el desempeño de su misión, ¿en qué clase de país estamos viviendo? A partir de este punto es oportuno revisar otra definición que puede darnos una idea para responder esta pregunta.
     Un Estado Fallido o un Estado que fracasa (de acuerdo con la difinición propuesta por la revista Foreign Policy) "es aquel en que el gobierno no tiene control real de su territorio, no es reconocido como legítimo por parte importante de la población, no ofrece seguridad interna y servicios públicos esenciales a sus ciudadanos, y no tiene monopolio del uso de la fuerza".
     Esto nos lleva más allá de no tener un gobierno en toda la extensión de la palabra. Es necesario revisar si, por lo menos, el Estado en que vivimos es, a estas alturas, un Estado viable; es decir, un Estado que, si  prevalecen las condiciones en las que se encuentra hoy, tiene futuro.
     ¿Es reconocido el gobierno como legítimo por la gran mayoría de la población? De acuerdo con los últimos sondeos de opinión realizados para el Congreso y para distintos medios de información, el nivel de aprobación del presidente y su gobierno oscila entre un 6 y un 12% de la población; es decir, que entre 88 y 94 de cada 100 mexicanos desaprueban la gestión del gobierno, pudiéndose inferir que una parte importante de ellos lo consideran, por lo menos, incompetente e inútil.
     ¿Ofrece el gobierno servicios públicos esenciales a los ciudadanos? Regresando a los indicadores de carencia social del CONEVAL nos damos cuenta que 22.4 millones de mexicanos tienen rezago educativo, 21.8 millones tienen carencia por falta de acceso a servicios de salud, 70.1 millones (el 60% de la población) tienen carencia por falta de acceso a seguridad social, 14.8 millones tienen carencia por falta de acceso a calidad y espacios de vivienda, 25.4 millones tienen carencia por falta de acceso a los servicios básicos de vivienda y 28 millones tienen carencia por falta de acceso a la alimentación (1 de cada 5 mexicanos). Revisando estos datos es evidente que el gobierno es incapaz de ofrecer servicios esenciales para, por lo menos,  uno de cada 5 mexicanos.
     ¿Tiene el gobierno control real de su territorio, ofrece seguridad interna y mantiene el monopolio del uso de la fuerza? Está muy claro que no es así. El crimen organizado fuera del gobierno; es decir, independiente de este, o de "iniciativa privada", comparte con el gobierno el control del territorio y el uso de la fuerza. En Estados como Tamaulipas, Guerrero, Michoacán y Sinaloa podríamos pensar que, de hecho, la primacía en control de territorio y uso de la fuerza los ejerce al crimen organizado y, en más de uno de ellos prácticamente mantiene la exclusiva. En el resto del territorio es evidente que no ofrece seguridad interna y comparte el uso de la fuerza con el crimen organizado.
     Como segunda conclusión podemos afirmar que México hoy es un Estado Fallido; uno que ha fracasado como Estado en virtud de la incapacidad de su gobierno para hacerlo viable.
     Pero, ¿cómo llegamos a esto?, ¿qué le pasó a un país que en los años 60's se consideraba como "el milagro mexicano", con una economía que en el año 2000 estaba ubicada como la novena de mayor tamaño en el mundo (hoy ha caído al lugar 16)?, ¿qué nos pasó?
     Podemos buscar el origen de las causas desde que el presidente Miguel Alemán canceló el avance de la política de desarrollo social construida por el general Lázaro Cárdenas, privilegiando así el auge de los negocios de la oligarquía de la época, pasando por encima de las leyes; y seguir  detectando causas de origen cuando el Presidente Díaz Ordaz decidió acabar con cualquier posibilidad de avance hacia la democracia y la libertad de expresión, enviando a los miembros de su estado mayor a disparar desde la azotea del edificio Chihuahua de Tlaltelolco contra soldados y estudiantes, generando una masacre de proporciones históricas; pasando por la "administración de la abundancia" derivada de la petrolización de la economía en los sexenios de Echeverría y López Portillo, que ocasionaron la debacle del sistema económico de 1982 y el cambio de política hacia la entrega de la economía a los Estados Unidos, iniciada por Salinas y su corte de tecnócratas incompetentes, incluyendo la "caída del sistema" y el fraude electoral que arrebató a la sociedad el cambio democrático por el que se votó en 1988. Todo esto ha tenido mucho que ver en la ecuación que da como resultado un Estado Fallido.
     A partir del salinato, los "genios" del gobierno supusieron que el bienestar social debería derivar del control de la economía por las fuerzas del mercado y fue ese su proyecto de nación de largo plazo: ninguno; era el mercado, y fundamentalmente la economía norteamericana, quienes derramarían sobre la población las mieles del bienestar social como por arte de magia, cancelando el desarrollo del mercado interno. Sin embargo, es a partir del año 2000, cuando la sociedad decidió cambiar las cosas por la vía del voto y el presidente Zedillo respetó la decisión de la mayoría, cuando se inicia la caída vertiginosa del Estado por el tobogán que lo llevó a fracasar como tal, y la causa no fue el cambio democrático, sino la falta de un proyecto de nación desde Salinas y lo que hicieron con el poder quienes lo recibieron a través del voto de la sociedad en el año 2000.
     La inconmensurable ignorancia e incapacidad de Fox como gobernante evitaron que se diseñara un proyecto de nación. El presidente se ocupó primero de enamorarse, de continuar privilegiando los intereses de la oligarquía y de crear un gobierno "Montessori" donde los miembros de su gabinete hacían lo que se les daba la gana sin rumbo compartido, coordinación o supervisión, con la consecuencia lógica de la pérdida de control sobre el Estado; y, después, se dedicó a hacer todo lo que estuvo en su mano, hasta violando la ley, para bloquear y cancelar la posibilidad de que la democracia se consolidara, promoviendo con los partidos políticos el debilitamiento del órgano de regulación electoral y operando, junto con su sucesor, un fraude electoral que terminó con el sueño democrático de la sociedad para los siguientes 6 años.
     Un cuestionado, defectuoso y poco inteligente Calderón que no podía validar su legitimidad en el poder, decidió operar el viejo truco de inventar una guerra, pero como pequeño tirano impulsivo, lo hizo sin información del enemigo, estrategia u objetivo. El resultado no solamente no pudo legitimarlo en el gobierno, sino que dejó una cuota injusta y enorme de sangre y corrupción para la sociedad, con una infiltración profunda del crimen organizado en las instituciones del Estado. Como si eso fuera poco, siguió el ejemplo de su "brillante" antecesor cogobernando con el PRI, privilegiando los negocios de familiares, amigos y empresarios sobre cualquier esfuerzo de desarrollo social. Al final cerró con broche de oro; como no supo qué hacer con el poder decidió devolvérselo al PRI para bloquear a la izquierda mexicana, y colaboró con los priistas en toda clase de actos y financiamientos ilegales de campaña que les permitieron comprar el voto de la población menos informada y más hambrienta, para instalarse en lo que quedaba del poder.
     El período de poder, que no de gobierno, ocupado desde el regreso de los políticos del PRI (2010 a 2018) se ha caracterizado por falta absoluta de rumbo y de proyecto de país,  corrupción escandalosa y descarada, carencia de dirección en las funciones más básicas de gobierno, falta de respeto absoluta a los derechos humanos y de libre expresión, repetición constante de mentiras y simulación, represión sistemática de medios y comunicadores que le son incómodos a los políticos, reformas mal estructuradas y orientadas a perpetuar el saqueo de las riquezas del país en beneficio de empresarios extranjeros y mexicanos afines al régimen, incluyendo exfuncionarios de gobiernos anteriores con ínfulas de empresarios. La debacle económica (73% de crecimiento de la deuda pública de 2010 a 2016, aumento de casi 3 millones de personas en situación de pobreza, el desmantelamiento de Pemex para vender el petróleo, etc.), la debacle moral (Casa Clanca, Odebrecht, OHL, Higa, Grupo San Roman, Yarrington, Duarte, etc.), y la debacle de seguridad y derechos humanos (Tlatlaya, Ayotzinapa, Apatzingán, Tanhuato, Ostula, Nochistlán, Arantepacua, etc.) han terminado el trabajo de fracaso del Estado que tan eficazmente habían comenzado los panistas.
     En el balance de estos dos últimos sexenios se cuentan sus legados: Más de 55 millones de pobres, más de 210 mil ejecutados, más de 31 mil desaparecidos, hasta ahora 855 fosas clandestinas con 35 mil cuerpos, las riquezas del país en unas cuantas manos privadas, 114 periodistas asesinados, una deuda que no vamos a poder pagar en muchos años, una pandilla de ricos que no pagan impuestos, un campo que no produce, un mercado interno improductivo, uno de cada 5 mexicanos con hambre, un presidente que ganó las elecciones "haiga sido como haiga sido" y otro que se refiere a la sociedad con un elegante "ningún chile les embona" o con un simpático "la crisis está en sus mentes".
     Según los académicos Acemoglu y Robinson en su libro "Porqué Fracasan los Países", para que las sociedades cambien de un sistema extractivo a uno incluyente tiene que darse una condición histórica de gran envergadura, que se ve favorecida por el avance de la tecnología.
     En México esta situación podría estarse dando por fin a partir de, fundamentalmente, dos eventos principales que se han vuelto simbólicos gracias a la tecnología de difusión por medio de las redes sociales y a temerarios periodistas independientes de los medios cómplices del "gobierno": (1) La corrupción descarada del presidente de la República que se hizo evidente con la difusión del asunto de la llamada Casa Blanca "adquirida por su esposa" de un contratista del gobierno y "devuelta" con una disculpa pública de parte del indefendible presidente; y (2) La desaparcición forzada de los 43 estudiantes de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa que se convirtió en la representación vigente de la situación del Estado mexicano y que, increiblemente, a mediados de 2017 solamente ha sido investigada con seriedad por una periodista, dado que todas las instancias del gobierno responsables de investigarla se han dedicado a bloquear y a desviar la investigación.
     El caso "Ayotzinapa" es tan representativa de la situación del gobierno y del Estado mexicano que podría servir como foto de perfil en la página de la presidencia de Mexico. Los resultados de la única investigación seria al respecto, presentan evidencias en el sentido de que un batallón del ejército mexicano fue a rescatar, por instrucciones del narco en la zona de Iguala, Guerrero, paquetes de cocaína por 2 millones de dólares de los autobuses que habían secuestrado los estudiantes y, a fin de que no quedaran testigos de ello, los desaparecieron con el apoyo de las Policías Federal, Ministerial, Estatal de Guerrero y Municipal de Iguala. En la investigación oficial el gobierno federal (Ejército y Marina) torturó a cientos de personas para que declararan en un sentido distinto a la verdad a fin de crear una "verdad histórica" por medio de la cual se exonerara al ejército y se desviara la atención del narco responsable hacia otro cartel distinto.
     Es muy probable que estos dos asuntos simbólicos, que coronan el legado de los últimos dos gobiernos, constituyan la condición histórica de gran envergadura que necesita la sociedad mexicana para dar un golpe de timón en el desarrollo de México; un golpe de timón que no lo puede dar un gobierno que no exise como tal, sino sólo como instrumento de saqueo para unos cuantos. Un golpe de timón que tendrá que dar la sociedad por sí misma para construir un Estado viable en el presente y en el futuro, arrancando desde muy abajo.
     Son útiles las palabras de Amartya Sen para comenzar a diseñar un proyecto de país donde quepamos todos: El desarrollo es, fundamentalmente, un proceso de devolución de poder a la ciudadanía. El desarrollo sostenible es el que satisface las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades; por lo tanto el desarrollo sostenible exige que la siguiente generación a la nuestra reciba lo que necesite para alcanzar un nivel de vida, al menos, tan bueno como el nuestro y pueda ocuparse de la generación siguiente de manera similar.